Ser mamá después de los 35: alternativas para la búsqueda de un hijo en el siglo XXI

Nota publicada en:  Cromos de Colombia – Ver nota

Por Sandra Miasnik*

Cada año, los especialistas en medicina reproductiva recibimos en nuestros consultorios una mayor cantidad de parejas -que por lo general superan los 35 años de edad- afligidas porque a la hora de buscar su primer hijo se encuentran con una dificultad que no esperaban.

Una de la razones más frecuentes de esta situación es que la fertilidad está estrechamente relacionada con la edad de la mujer.  A partir de los 35 y sobre todo, después de los 40, las posibilidades de concebir pueden ser menores debido a la disminución de la cantidad y calidad de los óvulos. Estas células no se “producen” todos los meses, como solemos pensar, sino que las mujeres nacemos con aproximadamente un millón de ellas en nuestros ovarios y a lo largo de la vida fértil se ovulan sólo entre 400 y 500. Esto significa que los óvulos con el tiempo envejecen y disminuyen, por lo tanto, cuando nos acercamos a la cuarta década, la salud reproductiva no es óptima como lo era en nuestra primera juventud.

Como mujer, puedo decir que hoy en día el inconveniente reside en las numerosas razones que nos llevan a dejar para más adelante el deseo de ser madres. Una de ellas es el temor a que un bebé, y todo lo que su cuidado conlleva, complique otros objetivos personales, tales como desarrollar una carrera profesional, instalarse en una casa propia, consolidar una pareja o viajar por el mundo. Por supuesto que estas exigencias que deseamos satisfacer antes de tener un hijo muchas veces son demasiado ambiciosas para ser realizadas en la veintena. Esto diferencia a nuestra generación de la de nuestras madres y abuelas, que probablemente a los 20 ya tenían uno o más niños.

Esta realidad a la que nos enfrentamos las mujeres no debe significar que debamos renunciar a nuestras metas personales y profesionales, ni mucho menos a la idea de ser madres. Se trata de abordar la decisión con conciencia de que el reloj avanza, equilibrando el trabajo y las aspiraciones de realización personal con nuestro instinto maternal. Lo ideal es que elijamos el momento ideal para buscar un bebé tanto con nuestra pareja como con nuestro médico, para transitar contenidas e informadas esta etapa.

Desde el lugar de especialista en salud reproductiva, no quiero dejar de abordar un tema que está directamente ligado a la postergación de la maternidad. Si nos proponemos por primera vez el reto de concebir cuando estamos acercándonos al fin de nuestra etapa fértil, y durante un período de 6 meses no lo lográramos, es conveniente la consulta al profesional experto .  Si bien es normal tardar hasta un año en concebir un bebé de forma natural, a partir de los 35 años de edad de la mujer, es recomendable consultar al médico tras 6 meses de búsqueda infructuosa.

Una vez que confirmamos la necesidad de los tratamientos no debemos desanimarnos. Hace ya más de tres décadas que la fertilización asistida es una epecialidad en constante crecimiento. No se trata de un solo método sino que existe una variedad que va desde opciones de baja complejidad, como la inseminación intrauterina, (mediante la cual se depositan espermatozoides seleccionados directamente en el útero, con un procedimiento mínimamente invasivo) hasta las de alta complejidad , tales como el ICSI y la Fecundación in Vitro (en las cuales se forman los embriones en el laboratorio y luego son transferidos al útero).

En los casos más complicados, en los que la mujer no cuenta con óvulos saludables, se puede recurrir a la ovodonación, una alternativa mediante la cual –aunque el bebé no comparta nuestros genes- podremos vivir la maravillosa experiencia de llevarlo en nuestro vientre, compartiendo así el lazo más intenso entre las personas que puede conocer la humanidad.

En conclusión, como especialista y sobretodo como mujer, aconsejo no dejar de lado ninguno de los sueños que se nos presentan a lo largo de los años, pero incluir siempre el deseo de ser mamás en la planificación de nuestra vida, para poder abordarlo con salud, conciencia y alegría.

 *La autora es médica ginécologa especializada en Medicina Reproductiva. Forma parte del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción.CEGyR, Buenos Aires, Argentina.

Contacto: smiasnik@cegyr.com